A lo largo de la historia las mujeres hemos recorrido muchos caminos para encontrarnos hoy en el lugar que estamos. Caminos de dolor, desesperanza, violencia, pérdida, separación que nos han llevado a alzar la voz, reconocer quiénes somos, poner límites y valorar el impacto que hemos tenido siempre en el mundo.

La forma en que aprendemos a percibir las experiencias y a nosotros mismos es dual, a través de los opuestos, de la separación ( yo o tú) y, en el camino de regreso a nuestra esencia de unidad (yo y tú) es necesario experimentar cada uno de los extremos.
Por ello ha sido necesario para las mujeres ponernos del otro lado radical, ahora todo lo hacemos solas, medimos nuestra valía por el éxito que tenemos, la independencia económica, renunciamos a los aspectos de nuestra energía femenina que nos hagan ver vulnerables (ternura, intuición, sensibilidad, etc.) y dimos mayor lugar a nuestra energía masculina (acción, dureza) para tener un lugar en un mundo patriarcal.
Encontrar el punto medio, la unidad, requiere de un camino de reconciliación, donde primero reconozcamos los aspectos de nuestra energía femenina de la que nos separamos para sobrevivir y que tanto dolor nos ha causado, para luego poder abrazar nuestra energía vital por la que ya somos abundantes, creativas, amorosas, sensibles, fuertes, intuitivas y sabias.

Integrar todos los aspectos que conforman ambas energías, femenina Y masculina, es el camino hacia una verdadera unidad, donde en cada acción de nuestro cotidiano, podamos SER LO QUE SOMOS.



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